De mucha gente
es sabido que odio a mis vecinos. No a todos, claro está. Se salvan unos pocos.
Odio sobre todo a mis vecinos de al lado por la parte del salón. Los ruidosos.
Son una
familia de mil (aprox.) que viven en el mismo piso con tres dormitorios. Eso
podría explicar por qué he oído inflar colchones a la una de la madrugada y por
qué mueven los muebles del salón todas las noches. No explica por qué quieren
hacer un butrón en nuestra pared común lanzando muebles contra ella, a no ser
que nos quieran invadir, claro está.
El pasado
martes los odié más. Servidor es “culer”, siempre lo ha sido. Debe ser una
cuestión de genética porque gran parte de mi familia lo es, herencia del abuelo
Pedro.
Uno es culer,
pero se le olvidó el partido del Barça contra el Milán (me niego a pronunciarlo
llano, en castellano es Milán. La Shakira le puede poner a su hijo Milan, pero
la ciudad se llama Milán). A lo que iba, que me pierdo, se me olvidó el partido
y estaba yo tan ricamente viendo una serie en el portátil con los auriculares
puestos. Así estuve hasta que unos gritos fueron más potentes que el sonido que
mis auriculares me proporcionaban: ¡GOL DE VILLA, GOL DE VILLA, GOL DE VILLA!
Acto seguido recordé el partido, claro está, y procedí a cambiar de canal para
verlo. Lo podría haber seguido con el televisor en “Mute”, porque el aparato de
mis vecinos era perfectamente audible en mi salón y los comentarios que nos
daba de propina el vecino del GOLDEVILLA,
eran igualmente audibles. Así discurrió toda la segunda parte del
partido. Con comentarios, la tele de los vecinos acallando a la mía y la vecina
original (la primera que vino a vivir) regañando a su hijo hiperactivo (sé que
lo es porque me lo dijo ella) y diciéndole que estaba castigado sentado hasta
que finalizase el partido. En esto que ya me acostumbro a la situación cuando,
con el último gol del partido, mi vecino el del GOLDEVILLA, me da otro susto
gritando: “SABÍA QUE NO ERA MESSI, LO DIJE, SABÍA QUE NO ERA MESSI”. Vale, no
era Messi el que metió el gol y no, no lo dijiste, porque en mi casa se oye
todo y no lo dijiste. Nadie le llevó la contraria, debe ser que el que ingresa
más dinero en casa.
Esto es un día
en mi salón. Ahora, por si no éramos pocos, se ha instalado una colonia de
palomas en nuestro tejado y llevo varios días oyendo como zurean a todas horas.
¿No tenía ya bastante con aguantar a las tórtolas en mi exilio estival en el
pueblo? ¿Qué les he hecho yo a las columbiformes para que me traten así?
No hay comentarios:
Publicar un comentario